El desarrollador de área es un tipo de franquicia que le permite a un franquiciado la capacidad de abrir varias franquicias y de esta manera desarrollar una zona en un amplio territorio. Cada nueva franquicia que abre constituye un contrato de franquicia, pero a diferencia de la master franquicia, el franquiciador no puede sub-franquiciar y todos los locales deben ser suyos y operados por este.
El franquiciado que actúa como impulsor de área, está creando un elemento de apoyo para la red de franquicias dentro de una zona determinada. Al iniciarse en este compromiso deberá asumir diversas responsabilidades, entre ellas, buscar y seleccionar franquiciados, realizar el análisis y diagnóstico de las ubicaciones de los locales y a su vez brindar el apoyo logístico necesario a los franquiciados dentro del territorio asignado.
El franquiciado que operará como desarrollador de área, obtiene los derechos para llevar a cabo el desarrollo de la red dentro de una zona o territorio determinado y dentro del período de tiempo establecido en el contrato, donde también se estipulan un mínimo de establecimientos a desarrollar. En el caso que no cumpla con este número de aperturas acordado, el desarrollador perderá el derecho de exclusividad entonces el franquiciador deberá tomar riendas otorgando otras franquicias en la misma zona para terminar el desarrollo de la misma.
Cabe aclarar que los derechos para llevar a cabo el desarrollo de un área determinada tienen un costo mayor que la franquicia normal, esto se debe a que el potencial que está en juego mayor, porque se trata de un permiso para emprender más de un establecimiento y se concede el derecho de operar en una zona más amplia.
Dentro del panorama empresarial, la franquicia toma una fuerza importante como sistema de expansión de negocios, por ello este método de desarrollo de área es cada vez mas aplicado porque permite un completo desarrollo de una zona.
Al alquilar un local comercial para llevar a cabo el desarrollo de una actividad empresarial o profesional, luego de haber realizado un diagnóstico de la zona para pronosticar el éxito del negocio a instalar, se deben tener en cuenta los contenidos principales de la ley 29 del año 1994, que es la Ley de Arrendamientos Urbanos, ya que estos contratos están regulados por dicha ley.
La mayoría de los contratos de alquiler se realizan por escrito, pero también se consideran válidos aquellos que se consuman de manera verbal. En este caso vamos a focalizarnos en los puntos más importantes de un contrato por escrito.
Es importante destacar que esta ley brinda plena libertad a las partes de pautar las cláusulas que crean convenientes para regular los derechos y obligaciones del contrato, lo cual no es posible en los contratos de vivienda.
Si bien no existe un modelo a seguir, el contrato debe contemplar una serie de ítems, a continuación detallamos los de mayor importancia:
-Datos importantes: en primer lugar, se deben identificar correctamente ambas partes, la ubicación y descripción del local.
-Duración del contrato: en caso de que las partes no lleguen a un acuerdo, la ley estipula un año de duración del mismo.
-La renta: Según la ley, se debe pagar a mes por adelantado y en los primeros siete días del mes. Siendo obligación del arrendador entregar un recibo de conformidad del pago. El lugar y forma de pago la estipulan las partes.
-La fianza: corresponde a una garantía por potenciales daños y perjuicios que cause el arrendatario en el local, el importe de la fianza equivale a dos mensualidades de la renta, lo cual se recupera una vez finalizado el contrato en caso de que no existan daños ocasionados.
-La cesión del contrato y subarriendo del local: la cesión de un contrato significa que el arrendatario transmite todos los derechos y obligaciones del contrato a un tercero, y el subarriendo se da cuando el inquilino arrienda todo o parte del local. En ambos casos, tiene la obligación de comunicar al dueño del local si ha realizado cesión o subarriendo en el plazo de un mes. El propietario tiene el derecho de aumentar la renta en un 10% si el subarriendo es de una parte del local o del 20% si es del total. En el contrato también se resuelven temáticas como las obras dentro del local, la extinción o extensión del contrato, la venta del local, y todo tipo de cláusulas que las partes crean convenientes detallar en el mismo.
Uno de los elementos importantes y claves en una franquicia es el canon de entrada, ya que representa una de las condiciones para el ingreso a la red de franquicias. Para poder comenzar a formar parte de una franquicia, hacer uso de los signos y marcas distintivos, obtener un grado de exclusividad, la experiencia y el conocimiento del negocio, recibir formación y asistencia comercial y técnica continuada, el franquiciado debe abonar una cierta cantidad que le exige el franquiciador. De esta manera el canon de entrada no corresponde a un beneficio para el franquiciador, sino que responde a un valor que éste determina por brindar dicha cantidad y calidad de información y conocimiento, es decir corresponde a una contraprestación económica por los beneficios y ventajas que el franquiciado recibe a cambio. Estas contraprestaciones tienen la ventaja de ser duraderas en el tiempo, ya que el éxito del franquiciado depende de la obtención de los derechos de dicha marca, de una zona de exclusividad cedida por el franquiciador y sobre todo de la transmisión del Know-How, es decir, del saber hacer del proyecto al cual se está adhiriendo.
Otra manera de cuantificar el valor del canon, es teniendo en cuenta el dinero invertido, ya que el franquiciador, ha realizado diversas inversiones económicas en el desarrollo y la fundación del proyecto, por lo cual cada nuevo miembro de la franquicia, debe abonar un valor proporcional para adherirse a la misma.
Lo que también se abona dentro del canon de entrada son los derechos del uso de una marca cuya trayectoria y peso en el mercado le brinda un valor supremo, entonces lo que el franquiciado esta abonando es un valor condicionante para obtener éxito del cual antes carecía. No es una obligación percibir un canon de entrada, ya que no es un deber del franquiciador sino un derecho.
Las franquicias se basan en que, te encuentres en la sucursal en que te encuentres, la calidad es la misma, la decoración también, o sea que todas las sucursales brindan servicios y productos similares que el público consumidor elige una y otra vez, aunque cambie de ciudad. Esta es la simple base de un espacio gastronómico franquiciado.
Con la alta cocina entonces nos encontramos con un problema, ya que no es lo mismo franquiciar una tienda de hamburguesas, por más internacional y reonocida que esta sea, que poner sucursales de platos realizados individualmente por la mano experta de un conocido cheff. Es probable entonces que la calidad no sea la misma y es allí donde nuestra franquicia puede fallar.
No es lo mismo comprar un vestido cosido a mano por un modisto famoso que comprar una imitación realizada por un desconocido… en estos casos especiales es cuando una franquicia no funciona, porque la exclusividad es lo que el cliente busca, eso es lo que un cheff en particular vende, su marca, su nombre y su mano. Diferente es el caso de cuando un famoso de la alta cocina decide fabricar mermeladas por ejemplo, o sacar una línea de decoración de cocinas, o pone su marca en algún producto alimenticio, el público consumidor asumirá la alta calidad ya que está avalada por una marca o nombre reconocido del sector.
Sin embargo cuando se trata de restaurantes de alta cocina, es al mismo cheff a quien deseamos en la cocina, con el delantal puesto y terminando nuestro plato. La exclusividad no se franquicia, las franquicias son productos masivos, repetibles, y que pueden sostener todos los componentes, características y detalles de la empresa madre.
Cuando el objetivo es adquirir una franquicia, existe lógicamente una inversión inicial a realizar. Y esto no solamente está ligado al desembolso de dinero necesario para obtener el permiso de franquicia por parte de la marca que la otorga, sino que además influyen otros costos y gastos, los cuales aparecerán durante la etapa inicial del proyecto.
Vale la pena aclarar que estos costos son muy variables, dependiendo de cada franquicia en especial y del tipo de operación. Es así que existen franquicias que requieren realmente de una inversión inicial muy pequeña y que a la vez pueden llegar a ser muy rentables, mientras que otras necesitan de un importante desembolso al comenzar la actividad.
¿Cuáles son en consecuencia los gastos generales, aquellos que pueden aplicarse prácticamente a todas las franquicias, aunque varíen sus montos?. Mayormente son estos:
• Canon de ingreso: es el dinero que el franquiciador requiere para poder ingresar a la cadena de franquicias, teniendo en cuenta que el franquiciado se beneficia con la estructura, el desarrollo y el know-how de la compañía.
• Royalty o porcentual de ventas: se trata del porcentaje que el franquiciador cobra al franquiciado en forma periódica, a modo de “comisión” por las ganancias que pueda obtener ese eslabón de la cadena de franquicias.
• Canon publicitario: en este caso son inversiones conjuntas entre el titular de la franquicia y la marca que la otorga, con el propósito de estructurar un fondo para acciones publicitarias, estudios de mercado, comunicación de nuevos productos y cualquier otra estrategia relacionada.
• Gastos varios y generales: son los relativos a cualquier nuevo emprendimiento, como por ejemplo el diseño de locales, todo lo atinente al lanzamiento, los gastos administrativos y legales, etc.
Para concluir, vale tener en cuenta que en cualquier franquicia es prácticamente imposible obtener una rentabilidad inmediata, ya que es necesario en principio estabilizar el negocio y recuperar las inversiones iniciales. El tiempo que llevará hacer rentable el negocio dependerá de cada franquicia y de las condiciones del mercado.
Hoy en día es imposible hablar de una cadena de franquicias en la cual las estrategias de marketing y comunicación no formen parte de la planificación central de la compañía. Aunque quizás no lo hagan de un modo explícito, desarrollando una oficina o departamento de comunicación, siempre hay una persona encargada de distintas tareas relacionadas con la comunicación.
Habitualmente suelen combinarse ambas especialidades (el marketing y la comunicación), cuando en otros tipos de empresas y organizaciones estas dos áreas existen por separado. Sin embargo, las características del sector de franquicias operan para que esta realidad se concrete.
Por ejemplo, muchas veces resulta difusa la conceptualización de las acciones de difusión de un sistema de franquicia. ¿Se trata de una herramienta de comunicación o es una estrategia de venta para captar nuevos franquiciados?. En consecuencia, en el área de las franquicias marketing y comunicación suelen ser dos sectores fuertemente ligados.
Es así que distintos estudios realizados en el sector de las franquicias concluyen que casi el 70% de las cadenas posee como único y excluyente objetivo de comunicación externa la ampliación de la cobertura de la franquicia. Fuera de esto, se aplican los tradicionales elementos de cualquier estrategia o plan de comunicación: identificación de un público-objetivo, estrategia de audiencias, canales y soportes a utilizar, tono y estilo de la comunicación, relaciones con los medios, etc.
Por otra parte, el punto vital en la comunicación del sector franquicias no tiene que ver muchas veces con la imagen externa, como sucede en otras áreas de la actividad comercial, sino mayormente con la comunicación interna. Es que resulta básico para el funcionamiento de una cadena de franquicias que la cultura de la empresa se comunique correctamente desde la dirección hacia los franquiciados.
En este orden, mientras en una cadena de franquicias pequeña la comunicación interna puede gestionarse mediante reuniones periódicas cara a cara, al crecer la estructura se harán necesarias otras herramientas o dispositivos de comunicación, como por ejemplo medios audiovisuales, convenciones y eventos, correo electrónico, newsletters, intranet, blogs y redes sociales, etc.
Para cualquier emprendimiento, contar con un plan de negocios es una herramienta vital y debe ser considerado un punto primordial en el diseño de las estrategias empresariales. Aún aquellas empresas que ya están funcionando y nunca han realizado un plan de negocios, necesitan del mismo para evaluar el estado de su situación y poder elegir la dirección que tomarán en el futuro.
En ese marco, las franquicias necesitan también de un correcto plan de negocios. Para ser sintéticos, digamos que un plan de negocios es un documento escrito en el cual el emprendedor y su equipo vuelcan de una manera muy resumida las características actuales del negocio, su situación en el mercado, las acciones que se piensan desarrollar de aquí en más y las estrategias que se usarán para implementarlas.
Un plan de negocios correctamente confeccionado se realiza con información clara y fidedigna, extraída de fuentes confiables y actualizada, y debe hacerse con un fuerte compromiso, no por mera obligación. Siempre lo más conveniente es contar con la asesoría de un profesional o centro especializado.
Además, sirve como carta de presentación ante posibles inversores. En una franquicia es muy trascendente para poder analizar la situación del emprendimiento con respecto a su entorno, para saber si una franquicia podrá funcionar o no en una región en concreto o para que la empresa propietaria de la marca sepa hacia que zonas expandirse.
Para el franquiciado, será vital para poder descubrir las características de la especialidad a desarrollar, el comportamiento de esa franja del mercado, que personal y dotación de recursos humanos necesitará para hacer frente a su tarea y otros elementos de gran importancia en el marco de una franquicia.
Un plan de negocios también debe servirnos para evaluar y considerar riesgos, estando informados y advertidos sobre determinadas cuestiones que pueden transformarse en amenazas para el emprendimiento en ciertos momentos de la actividad.
Es posible hallar en el mercado diferentes tipos de franquicias. Vamos a ver aquí algunas de estas tipologías:
• Franquicias comerciales: se trata de un acuerdo en el cual el franquiciador cede una gama de elementos que permitirán al titular de la franquicia comercializar productos o servicios directamente al consumidor final, como puede ser el caso de franquicias de telecomunicaciones, locales gastronómicos o turismo.
• Franquicias industriales: son aquellas en las cuales se cede un derecho para poder desarrollar un producto desde su concepción. En estos casos, tanto la fabricación, como la tecnología, como la marca propiamente dicha o los procedimientos de administración y venta son delegados por parte del franquiciador al franquiciado. Un ejemplo podría ser la venta de una especialidad culinaria concreta, que el franquiciado nunca podría desarrollar sin conocer los detalles de su elaboración, presentación, etc.
• Franquicias de distribución: se denominan de esta forma a las franquicias que solamente incluyen la distribución de productos, o sea en las cuales el titular de la franquicia únicamente distribuye en una región determinada los productos de la marca en cuestión.
• Franquicia de servicios: se encuentran especializadas en la prestación de servicios directos al consumidor final, siendo un ejemplo claro los institutos educativos regionales que ofrecen carreras a distancia de otras universidades más importantes, con un nombre ganado en todo un país. En ese caso, el instituto funciona como un franquiciado y la universidad presta su marca como garantía de confianza.
• Franquicias “Shop in Shop”: se trata de franquicias en las cuales se imita al 100% la decoración y ambientación en los locales, logrando una imagen única en todos los puntos de venta, que parecería indicar que se trata de meras sucursales que dependen de una central. Sin embargo, son franquicias que actúan fuertemente alineadas, hasta en los más mínimos detalles de diseño, con la marca que otorga la franquicia.
Hay diversos puntos a considerar a la hora de elegir una franquicia, pensando que esa sea la mejor opción posible para la idea de nuestro emprendimiento. De acuerdo a muchos especialistas, las franquicias son ideales cuando el propósito es comenzar un negocio, porque permiten tener un tiempo de preparación e investigación y capitalizar experiencias que de otra forma no estarían a nuestro alcance.
Recordemos que una franquicia es una relación de tipo comercial y jurídico entre la persona propietaria de una marca (franquiciador) y otra persona dispuesta a utilizar esa marca para un emprendimiento propio (franquiciado). En ese marco, existen varios tipos de franquicias y variantes para este negocio.
Antes de elegir una franquicia se requiere una buena etapa de investigación. Puede comenzarse por Internet, donde se podrán averiguar todos los datos referentes al negocio, para conocer así la imagen y repercusión de la marca, además de comprobar si el negocio es sustentable y puede tener una buena inserción en la nueva zona a trabajar.
Es vital que la franquicia elegida se adapte a nuestros requerimientos personales y necesidades económicas y profesionales en primera instancia y a largo plazo. También es bueno recopilar información sobre experiencias de otras franquicias de la misma marca, así como también averiguar qué prácticas y plan de negocios sigue la firma en relación con sus franquicias.
Mientras para algunos emprendedores será más potable una franquicia con un apoyo y supervisión más fuerte, para otros lo ideal será una franquicia que entregue la mayor libertad posible a los emprendedores. Lógicamente, todo esto estará muy ligado al tipo de negocio a encarar y a la especialidad seleccionada, junto a la experiencia del emprendedor.
Hay por otro lado cuestiones internas que deberá responderse el propio emprendedor, como por ejemplo si la franquicia a concretar responde realmente a sus intereses personales, si va de acuerdo con su estilo de vida y forma de trabajo y si efectivamente permite atender una necesidad real del mercado sobre el que se trabajará.
El origen de la franquicia se remonta a por lo menos la década de 1850. Isaac Singer, quien hizo mejoras a un modelo existente de una máquina de coser, quería aumentar la distribución de sus artefactos. Su esfuerzo, aunque sin éxito a largo plazo, fue uno de los primeros bríos por hacer franquicia en los Estados Unidos. Un ejemplo de las franquicias más famosas, un poco más tarde en el tiempo, fue la de John S. Pemberton, el inventor de la Coca-Cola. Los primeros ejemplos exitosos son los de la American Telegraph, que era operada por diversas compañías de ferrocarriles, pero controlada por la Western Union. Al principio los modelos de franquicias de productos recogían cánones o derechos de un producto base y no